Educación para la Diversidad: Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad.

Erick Javiel Pérez Herrera
Estefany Montero Encarnación


¡Los niños pequeños son normalmente inquietos y excitables!
A veces los niños pueden ser tan activos y ruidosos que hacen la vida difícil a sus profesores y a otros niños. Un niño así puede ser exigente, excitable y agotar al más valiente, puede ser ruidoso, no hacer lo que se le dice y tener dificultades para estar quieto sentado. Los docentes pueden decir que el niño es hiperactivo, pero el problema con esta palabra, es que la gente la usa para describir desde lo que podrían ser alborozos normales de un niño a conductas peligrosas. Puede que el niño sea demasiado activo en lugar de hiperactivo.

En los salones de clases solemos encontrar niños que presentan estas características, y la manera más fácil que encontramos para tratarlos es castigándolos, reprochándolos y tratando de moldear sus acciones bajo métodos conductuales, lo que claramente, si no sabemos las causas de estas actitudes, estaríamos incumpliendo con el verdadero rol que tiene un maestro.

Entonces, ¿Tienen alguna idea los docentes de por qué un niño tiende a tener mayor movimiento, acciones impulsivas, períodos de atención más cortos y se distrae fácilmente en comparación con los demás?

Desde hace mucho tiempo en cuanto al tema de las Necesidades Educativas Especiales se ha venido hablando sobre el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, pero aún en las escuelas no se cuenta con personal cualificado para tratarlo; este, es un problema causado por la presencia de condiciones como inatención, hiperactividad, e impulsividad, se caracteriza principalmente por una alteración de la función ejecutiva a nivel encefálico, lo cual englobaría, entre otros aspectos, la incapacidad para atender adecuadamente a ciertos estímulos; planificar y reflexionar sobre las consecuencias de acciones futuras.

Como profesor, es esencial asumir la responsabilidad que supone ser educador de un alumno con necesidades especiales. Es importante que el profesor tenga conocimiento, de si el alumno está siguiendo algún tratamiento, y de si existen indicaciones médicas específicas, debe ser consciente de que su papel en el aula influye directamente no sólo en el aprendizaje del alumno, sino también, en su estado emocional, así como en su evolución y desarrollo positivo. Es por ello, que éste debe tener unos conocimientos básicos de cómo actuar con un alumno con TDAH.
Debe existir una relación positiva entre el alumno y el profesor: más que ningún otro niño, los alumnos con TDAH necesitan de apoyos positivos, elogios y ánimos; así, el docente debe aceptar las dificultades, identificar los esfuerzos e intentar modificar el lenguaje. También debe favorecer la inclusión dentro del grupo con actividades y dinámicas grupales, dándole un papel importante dentro de éste. El alumno integrado en el grupo colaborará para la consecución de objetivos conjuntos, compartiendo el éxito del resultado con sus compañeros. 

En consecuencia, el maestro debe comprender y evaluar el alumno con TDAH, conocer su situación, profundizar en el conocimiento del trastorno, establecer un vínculo profesor-alumno, focalizarse en la autoestima, favorecer la integración, normalizar las dificultades y adaptarse a sus necesidades.

La escuela es la casa común de todos, un espacio donde el niño puede conocer y explotar sus habilidades y destrezas, por tanto, el maestro juega un papel imprescindible para la consecución de estos objetivos. Resulta meramente importante que como docentes vallamos más allá de solo dar clases y nos enfoquemos en conocer las características de cada estudiante para atender a cada una de las necesidades y transformar la práctica pedagógica en un espacio donde los niños puedan sentirse cómodos y vivir en conjunto, sin dejar a un lado su esencia, más bien disfrutar de la diversidad y así lograr una educación inclusiva.


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